Antártica | RELATO GRÁFICO
Del interior de la Antártica solo hay bosquejos. Su alto manto blanco terraplena todos los valles y suaviza toda quebrada y aspereza.
Pero la quietud de la nieve es solo aparente. El casquete de hielo que la cubre se mueve constantemente. Un copo de nieve conformado en la latitud 90° puede tardar miles o millones de años, pero finalmente será devuelto al mar con un bello estrépito.

Desde la Antártica salen a navegar témpanos magníficos como embajadores blancos que poco a poco se consumen hasta confundirse con el amplio mar circundante. Las más grandes miden lo que una ciudad.
Alguna vez, una cabeza loca pensó llevarlos, merced a la corriente de Humboldt, hasta la sequedad del desierto pero estas enormes masas jamás se hubieran permitido ser atrapadas.


Una fina capa de nieve oculta sus profundidades de cuatro mil metros de hielo, presionado y duro como un mármol. Bajo su piel, se esconden lagos salados que la luz del sol no ha profanado. Su alta salinidad evita que los lagos se congelen. Algunos tienen hasta menos 50° de temperatura.
Desde hace millones de años permanecen en la oscuridad y están habitados por seres diminutos de formas desconocidas. Llegar a ellos sería romper una virginidad irreparable.

