Antártica | RELATO GRÁFICO

En el origen, Panguea

En los comienzos

Hubo un tiempo en que todos los continentes formaban una sola masa que llamamos Pangea. De eso hace unos trescientos millones de años. Luego, el lento movimiento de las placas fue fraccionando tierras y distanciándolas hasta que una de ellas, la Antártica, se instaló en uno de los polos.

Durante largo tiempo estuvo poblada de vida como resultado de la actividad de los volcanes. Sus bocas dispararon incesantes sus saetas de fuego hasta que nublaron completamente la atmosfera del planeta. Subió entonces la temperatura y sobrevino la gran extinción. Antes de soltarle la mano a Sudamérica, en la Antártica hubo dinosaurios que corrieron por sus paisajes, y árboles que hicieron verde su territorio.

Los Notofagus y su misterio

En la Antártica se han encontrado restos de Nothofagus, el árbol milenario, cuyas variedades están presentes en el sur de América y de Australia.

Este árbol muestra que alguna vez la Antártica estuvo unida al continente americano por un brazo de tierra que separaría el mar de Drake.

La pregunta es cómo lograron sobrevivir estos árboles en la larga penumbra invernal sin hacer fotosíntesis. Sus anillos no denotan un crecimiento irregular. Esta es una incógnita que hasta el momento no encuentra explicación satisfactoria.

La primera vida

Más tarde, la masa continental se enfrió. Bajaron los niveles de dióxido de carbono y las aguas que la rodean la fueron aislando de los demás continentes.

En la Antártica subsisten las primeras manifestaciones de la vida en el planeta, los procariontes, microorganismos que se nutren de sustratos minerales. Cada gota de agua antártica está poblada por bacterias y algas microscópicas con extraordinaria capacidad de adaptación.

Los lagos subglaciales

La Antártica tiene lagos subglaciales en los que se supone que hay una vida que pudiera ser extraplanetaria, sin luz solar y detenida hace miles de siglos. ¿Se supone? Sí, ya que como la propia investigación corre el riesgo de contaminar aquellas aguas, la punzada del científico no sabe bien cómo examinar las interioridades antárticas.

Los científicos han extraído una columna de hielo, de más de tres kilómetros de largo, que contiene información del clima que ha tenido la tierra de hasta ochocientos mil años atrás. En la columna están los testigos de polvo que trae el viento, de ceniza volcánica, de la inversión magnética y los períodos de glaciaciones.

La promesa farmaceutica

Hierbas, hongos y líquenes que soportan el rigor del frío guardan secretos que son un acicate para la ciencia. Actualmente el INACH coordina varias líneas de investigación científica que prometen develar desarrollos de ultimísima tecnología: enzimas para el uso farmacéutico y de alimentos funcionales, proteínas anticongelantes, trabajos con células madres y nanopartículas, líquenes antárticos con potencial para combatir el cáncer y el Alzheimer, levaduras que prometen mejorías en la fermentación del vino.

Bibliografía